Martes, 7 - Septiembre - 2010   
 Inicio

 
Inicio
www.centrodeestudiosmirobrigenses.com
IMPORTANTE DESCUBRIMIENTO DOCUMENTAL PARA LA HISTORIA DE CIUDAD RODRIGO
Hallado el Becerro de la Catedral redactado a finales del siglo XIV

Página del Becerro

En el curso de sus investigaciones en el archivo de la Catedral, la investigadora María Paz de Salazar Acha, miembro de número del Centro de Estudios Mirobrigenses , descubrió este verano un antiguo texto documental que se hallaba perdido desde hace años. Se trata del Libro Becerro de la Catedral, manuscrito redactado en el siglo XIV que registra pormenorizadamente todos los bienes catedralicios así como las rentas del obispado y las personas de quienes provienen. El documento, que consta de más de ciento veinte páginas, se había traspapelado en el pasado siglo y su existencia no consta en los inventarios actuales, aunque de él se conservaban múltiples referencias, principalmente a través de la obra del historiador don Mateo Hernández Vegas que habló de él en su obra La Catedral y la Ciudad, señalando su mal estado, como así es en efecto.

Esperamos que el texto, que ya está siendo estudiado y trascrito, pueda ser publicado en breve.


UN DOCUMENTO DE EXTRAORDINARIO VALOR PERDIDO DESDE 1935

Mateo Hernández Vegas, en 1935, fue el primero en dar a conocer el Becerro de la Catedral y su valor histórico:

“Afortunadamente, de esta época tenemos en el archivo un do­cumento curiosísimo, aunque tan maltratado por el tiempo, la hu­medad, la incuria y la pésima calidad del papel, que se cae a pe­dazos cada vez que se toma en las manos. Esta circunstancia nos obliga a explotarlo con alguna amplitud en este capítulo, pues cada día será menos aprovechable. Es un Becerro que empieza en 1389, es decir, no muchos años después del desastroso sitio que don Enrique puso a nuestra ciudad. En el documento se puede es­tudiar el estado de desolación y ruina, en que quedó todo después, de tan prolongado sitio, ya la vez, formarse una idea bastante aproximada de 10 que era Ciudad Rodrigo y la Catedral antes de aquellos desgraciados sucesos. Con él en la mano, sólo siguiendo las fincas de la Catedral, que deslinda, se podría, aun hoy, recons­truir idealmente las calles, plazas, casas, iglesias, etc., del Ciudad Rodrigo del siglo XIV.

Apenas se podría creer hoy el grado de prosperidad y riqueza a que habían, llegado por aquel tiempo Ciudad Rodrigo y su Catedral: Siguiendo el documento citado, se ve que el arrabal de-San Francisco se extendía por el norte hasta el prado o cuesta del obispo, que estaba a la falda del teso de San Francisco, más allá de la tierra del abanico, y por el sur, hasta dar vista al río. Además, estaba edificado desde el convento de San Francisco, si­guiendo por el valle de San Martín, teso del Calvario y cañito o caño del Moro, hasta las huertas de Santa Cruz. Dentro del in­menso ángulo formado por esta última fila de casas y el actual arrabal prolongado entonces por el sur hasta el río, todo estaba poblado incluyendo los fosos que entonces no existían, hasta las murallas (castillo las llama siempre el documento). A las tapias de éstas tocaban varias casas e iglesias, que se describen, aunque a la sazón todas arruinadas. Muy numerosa debía de ser la pobla­ción del arrabal para llamar la atención de la Crónica, que, como hemos dicho, hablando de la estancia en él de don Pedro l, dice que era muy populoso.

Concretándonos a las heredades de la Catedral, eran tantas las casas, viñas, bodegas, dehesas, molinos, etc., que su sola enu­meración sería interminable. Solamente dentro de murallas (y fueron las únicas que quedaron en pie) hemos contado, propiedad del cabildo, más de 160 casas con sus bodegas y cubas. (...)

Curioso sería ahora, sirviéndonos de guía el precioso docu­mento, hacer una detenida excursión por la ciudad y arrabales, visitar los mercados grande y chico (el primero en el arrabal de San Francisco, y el segundo en la Plaza Mayor), con los puestos del carbón, de la leña, de las sardinas y del pan cocho; penetrar en los baños abovedados de San Albín y Santa Águeda, y en unas treinta iglesias, extramuros, la mayor parte derrocadas; re­correr las calles y plazas con la sorpresa de hallar, entre solas dos o tres conocidas, algunas tan raras como la de los Judíos, de Caldágada, de Domingo Rubio, del Cepo, de la Bodeguilla, de Se­govia, del Rey, de los Carijas, de los Ciegos¡,.de la Plata, de la Po­ridad, de Mazatrapos, de la Lechuguera, de Salamanca, de Salda­magras, de los Baños, de la Judía gaga, de las Majestades, de Co­chilleros, de las Zamarrillas, etc., etc.

Aún nos sorprendería más encontrarnos, a la vuelta de una esquina, con la casa en que vivían a la sazón habían vivido po­cos años antes aquellos héroes legendarios, que tanto han acalo­rado nuestra imaginación, Garci-López, los Pachecos, el obispo don Alfón, el caballero de la Banda Alvar Rodríguez Cueto, que, no existiendo todavía la casa de los Cuetos en la plaza mayor, y a pesar de su riquezas, vivía en modesta casa de renta propia de la Catedral.

Admiraríamos también el extraordinario número de judíos, que habitaban las casas del cabildo y llevaban en renta sus vi­ñas, entre los cuales reconoceríamos al famoso don Simuel (nie­to de don Salomón) aquel físico judío, que tuvo la habilidad de curar a don Juan I la extraña dolencia, a que tan propenso pare­cía el buen rey, cuando visitaba a Ciudad Rodrigo.

Pero estas curiosidades se engarzan, como las cerezas, y... preciso, es cortar por lo sano”.

Mateo Hernández Vegas

Ciudad Rodrigo. La Catedral y la Ciudad.

Ciudad Rodrigo, 1935, pp. 212-216.



Fuente: cem
C.E.M. © Centro de Estudios Mirobrigenses:: Martes, 7 - Septiembre - 2010